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Banco Mundial recorta proyección de crecimiento global a 2,5% en 2026 y advierte sobre riesgos de desaceleración más profunda

David Wendel Batista
Banco Mundial recorta proyección de crecimiento global a 2,5% en 2026 y advierte sobre riesgos de desaceleración más profunda PHOTO BY The Premise News | AI-generated illustrative image.

El Banco Mundial ha revisado a la baja su expectativa de crecimiento de la economía global para 2026, fijándola en un 2,5% y ha emitido una advertencia sobre los riesgos de una desaceleración aún más profunda si la crisis energética se intensifica. El nuevo dato, publicado este jueves 11 de junio en el informe Global Economic Prospects, representa una reducción respecto a la proyección anterior y señala que la recuperación económica ha perdido impulso. La institución identifica la guerra en Oriente Medio como el factor principal detrás de este ajuste, ya que el conflicto ha elevado los precios de la energía, ha reavivado la inflación y ha incrementado la incertidumbre en los mercados financieros. Según información de Reuters, el banco también advirtió que, en un escenario adverso, el crecimiento podría desplomarse hasta el 1,3%. La nueva estimación indica que dos tercios de las economías han visto reducidas sus previsiones desde enero, lo que revela que el problema se ha vuelto global y ya no es puntual.

El conflicto en Oriente Medio y el choque energético como ejes de la revisión

La guerra en Oriente Medio se sitúa en el centro de la decisión del Banco Mundial de recortar la proyección para 2026. El conflicto ha provocado un fuerte aumento en los precios de la energía, ha alterado las expectativas de inflación y ha reforzado la perspectiva de un endurecimiento monetario en numerosos países. La institución estima que el Brent se situará en un promedio de 94 dólares por barril este año, un 36% por encima del nivel de 2025, siempre que las mayores interrupciones en los suministros se reduzcan hasta julio. Sin embargo, el banco dejó claro que el escenario puede cambiar rápidamente si los riesgos persisten. Además de la energía, el incremento de los precios de los fertilizantes también fue mencionado como un factor adicional de presión sobre la economía global, afectando la producción agrícola, los costos de los alimentos y el presupuesto de hogares y gobiernos.

El informe destaca que la interrupción de rutas estratégicas, como el estrecho de Ormuz, ha elevado el riesgo de desorganización en los flujos de petróleo y gas. Este choque energético encarece el transporte internacional y reduce la previsibilidad para empresas y gobiernos. La proyección base contempla una interrupción más intensa hasta julio, pero la situación puede empeorar si el shock se prolonga. En un escenario más grave, el crecimiento global podría caer al 2,1% y la inflación subir al 4,4%, con el Brent alcanzando un promedio de 115 dólares por barril. En una hipótesis aún más extrema, con impacto sobre los mercados financieros, la economía mundial podría desacelerarse hasta el 1,3%. Los países importadores de energía son especialmente vulnerables, ya que la cuenta externa crece, el déficit comercial empeora y la presión fiscal se intensifica.

Inflación global acelera y presiona a los bancos centrales

Otro dato que llamó la atención fue la proyección de inflación global en un 4,0% para 2026, por encima del 3,3% registrado en 2025. El Banco Mundial afirma que la desinflación ha perdido ritmo, principalmente debido al choque energético provocado por la tensión en Oriente Medio. El aumento de los precios del petróleo tiene un efecto rápido en el transporte, los alimentos, la industria, los fletes y los precios finales de productos y servicios. Esto lleva a los bancos centrales a mantener tasas de interés más altas durante más tiempo, encareciendo el crédito y limitando el consumo. El informe destaca que la política pública global deberá equilibrar dos prioridades: combatir la inflación y preservar algún grado de apoyo al crecimiento.

Las economías emergentes y el desigual impacto regional

Las economías en desarrollo se encuentran entre las más afectadas por esta nueva realidad. La previsión de crecimiento para estos países cayó al 3,6% en 2026, el nivel más débil desde el período posterior a la pandemia. El Banco Mundial observa que muchos países de baja y media renta aún no han logrado recuperar el terreno perdido en los últimos años, y la debilidad del crecimiento ha frenado la convergencia entre los niveles de ingreso de los emergentes y de las economías avanzadas. Esto significa que la brecha entre regiones ricas y pobres podría mantenerse amplia por más tiempo. Cuando los emergentes crecen menos, el comercio internacional pierde tracción y la presión sobre las monedas locales aumenta, ya que los inversores prefieren activos más seguros en períodos de volatilidad.

El informe del Banco Mundial también muestra que los efectos no se distribuyen de manera uniforme entre las principales economías. Estados Unidos mantiene una previsión de crecimiento del 2,2% en 2026, mientras que la zona euro crecería solo un 0,8% en el mismo período, por debajo del 1,4% registrado en 2025. Japón también perdería ritmo, con una expansión estimada del 0,7%. China, por su parte, vio su proyección reducida al 4,2%, después de crecer un 5% en 2025. En el extremo opuesto, India continúa siendo la gran excepción positiva, con una previsión de crecimiento del 6,6% en 2026, manteniéndose como la economía grande más dinámica del mundo. No obstante, incluso India no es inmune al entorno internacional más débil, ya que el comercio, los precios de la energía y la dinámica de las tasas globales también afectan su desempeño.

Perspectivas para 2027 y 2028: recuperación lenta o más riesgos

A pesar del tono más cauteloso, el Banco Mundial aún proyecta cierta mejora a partir de 2027. La expectativa es de un crecimiento global del 2,8% para 2027 y 2028, aunque esto continúa por debajo del promedio del 3,2% observado en la década de 2010. La institución afirma que la economía mundial es hoy menos resiliente que en 2008 y también menos que en 2018, lo que demuestra que los efectos acumulativos de crisis recientes aún no se han absorbido por completo. Entre los factores que explican esta fragilidad se encuentran la desaceleración del crecimiento poblacional, el menor ritmo de la inversión privada, la caída de la inversión pública, el elevado endeudamiento público y la pérdida de dinamismo del comercio internacional. El informe también señaló que una adopción más amplia de inteligencia artificial podría ofrecer cierto alivio a mediano plazo, pero no sería suficiente para compensar totalmente los riesgos de corto plazo derivados de la energía cara, la inflación más alta y la incertidumbre geopolítica.

El recorte de la previsión de crecimiento global al 2,5% en 2026 indica que la economía mundial ha entrado en una fase de mayor cautela. El Banco Mundial deja claro que el escenario sigue sujeto a deterioro si el conflicto en Oriente Medio se prolonga y si la energía continúa bajo presión. En lugar de una recuperación lineal, lo que se observa es una economía global vulnerable a choques y marcada por una inflación persistente, tasas de interés elevadas y un crecimiento por debajo del ideal. Para inversores y empresas, la principal conclusión es que 2026 tenderá a estar guiado por la volatilidad, con las decisiones de los bancos centrales, el precio del petróleo, la inflación y los acontecimientos geopolíticos teniendo un peso decisivo sobre las monedas, las bolsas, las materias primas y el crédito internacional.

Nuestra perspectiva — The Premise News: El Banco Mundial no solo redujo la previsión, sino que dejó claro que el mundo está más frágil que hace una década. Lo que está en juego es la capacidad de países, empresas y familias para planificar el futuro en medio de choques sucesivos. La tensión central del informe reside en la dificultad de conciliar el combate a la inflación con la necesidad de estimular el crecimiento, una ecuación que pocos países logran resolver sin efectos colaterales. Los lectores deben observar con atención la evolución de los precios del petróleo en las próximas semanas, pues cualquier escalada podría rebajar aún más las proyecciones. En un mundo interconectado, la crisis en Oriente Medio ya no es un problema regional: es un termómetro de la economía global. El dato del 2,5% puede parecer solo un número, pero representa una advertencia de que la resiliencia del sistema financiero internacional está siendo puesta a prueba como no se veía desde 2008.

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