El Senado Federal de Brasil se ha convertido en el epicentro de una intensa batalla entre dos modelos laborales opuestos que prometen redefinir las reglas del trabajo en el país. De un lado, senadores de oposición liderados por Flávio Bolsonaro (PL-RJ) y Rogério Marinho (PL-RN) impulsan la llamada "PEC da Liberdade", un esquema que permite pagar al trabajador por horas efectivamente trabajadas, coexistiendo con el régimen tradicional de la CLT. Del otro, la propuesta ya aprobada en la Cámara de Diputados establece el fin de la escala 6x1 y reduce el límite semanal de 44 a 40 horas, sin recortes salariales. Mientras los defensores de la flexibilización hablan de libertad de elección, los críticos han bautizado la iniciativa como "PEC da Escravidão", advirtiendo sobre el riesgo de una jornada 7x0 y de acuerdos individuales que favorecerían a los empleadores.
Dos visiones irreconciliables sobre la jornada laboral
El texto liderado por Marinho, quien también coordina la precampaña presidencial del senador Flávio Bolsonaro, propone que los acuerdos individuales prevalezcan sobre las convenciones colectivas. Beneficios como el decimotercer salario, las vacaciones y la licencia por maternidad se calcularían de forma proporcional a las horas trabajadas. En una entrevista con la radio Itatiaia a principios de junio, Flávio defendió que sea el propio trabajador quien arme su escala y su jornada, sin perder ningún derecho laboral. "Lo que estamos proponiendo es que el propio trabajador arme su escala, su jornada de trabajo, sin perder ningún derecho laboral", declaró el senador. Sin embargo, la propuesta no elimina la escala 6x1 ni reduce el límite máximo de 44 horas semanales, diferenciándose frontalmente del texto ya aprobado por los diputados.
Reacciones de sindicalistas y juristas
El abogado Antonio Megale, quien asesora a la Central Única dos Trabalhadores (CUT), advierte que la iniciativa genera un fuerte incentivo a la precarización. Según él, las empresas podrían eludir la negociación sindical y buscar, trabajador por trabajador, condiciones menos protectoras. "El resultado tiende a ser fragmentación de la categoría, pérdida de fuerza colectiva y rebajamiento del nivel de derechos", afirmó Megale. No obstante, aclara que su crítica no apunta contra la voluntad individual del empleado, sino contra la "ficción" de que esa voluntad es libre cuando se ejerce bajo dependencia económica, subordinación jurídica y riesgo de desempleo. Inicialmente, Marinho llegó a decir que no habría límite de horas en el régimen flexible, pero luego rectificó y garantizó que el tope de 44 horas semanales se mantendrá. "Jornada flexible, establecido tope de 44 horas: hacia abajo, ok, no hacia arriba", aseguró el senador en un video.
El dilema de los expertos: flexibilidad versus protección
Los analistas consultados por la BBC News Brasil muestran posturas divergentes sobre los méritos de ambas propuestas. El economista jefe de Genial Investimentos, José Márcio Camargo, considera que el fin de la escala 6x1 tendría efectos secundarios negativos, como aumento de costos empresariales, inflación e informalidad. En cambio, ve en la mayor flexibilidad del régimen por horas una oportunidad para grupos que hoy enfrentan dificultades para insertarse en el mercado formal. "Por ejemplo, mujeres que tienen hijos: les resulta mucho más fácil conseguir un empleo que no sea de 8 horas diarias. O personas mayores que no quieren trabajo a tiempo completo", explicó. Para Camargo, esa es la gran ventaja de la propuesta opositora. Sin embargo, el sociólogo Zhuofei Lu, investigador de la Universidad de Oxford y experto en regímenes de trabajo flexibles, adopta una postura más cautelosa.
Los riesgos de la autoexploración en regímenes flexibles
Zhuofei Lu considera positiva la reducción de la jornada y el fin de la escala 6x1, pero ve riesgos considerables en la PEC que crea el régimen por hora. "La flexibilidad, por sí sola, no garantiza el bienestar de los trabajadores. El factor decisivo es quién controla esa flexibilidad", afirmó a la BBC News Brasil. Lu subraya que, cuando la flexibilidad sirve principalmente para ampliar el poder de los empleadores sobre los horarios, puede aumentar la imprevisibilidad y la inseguridad. Cita sus propios estudios y el libro "The Flexibility Paradox", de la investigadora Heejung Chung, para demostrar que el trabajo flexible produce a menudo autoexploración en lugar de alivio. Los efectos, observa, suelen ser distintos entre géneros: las mujeres tienden a acumular más trabajo doméstico en el tiempo libre, mientras que los hombres convierten la flexibilidad en jornadas más largas para demostrar compromiso con el ideal del "trabajador ejemplar", generando una espiral de exceso de trabajo.
El investigador del FGV Ibre Daniel Duque afirma que ninguna de las dos propuestas representa la mejor salida para Brasil. Para él, una legislación que prioriza el acuerdo individual es problemática debido a la disparidad de fuerzas entre patrones y empleados. Por otro lado, Duque considera que hacer obligatorios dos días de descanso semanal vuelve las reglas excesivamente rígidas. "Creo que los políticos podrían observar la experiencia internacional y ver que el país camina hacia un modelo que no existe en ningún lugar del mundo", dijo. Lo ideal, según él, sería un modelo flexible que mantenga el límite de 44 horas, pero con incentivos para contratos de 40 horas mediante alícuotas diferenciadas de contribución patronal al INSS. Zhuofei Lu, por su parte, recuerda que la jornada 5x2 ya es un estándar consolidado en países como Alemania sin exigencia legal, y no ve problema en que Brasil innove y haga obligatoria la escala, pues las normas temporales son construcciones históricas que pueden revisarse cuando dejan de atender al bienestar social.
El profesor del Insper Naércio Menezes considera positiva la reducción a 40 horas, pero critica tanto la obligación de dos días de descanso como la PEC de la oposición. A su juicio, la rigidez del mercado brasileño no radica en el régimen de trabajo, sino en los altos encargos que gravan las contrataciones. Una medida que defiende es la extinción del FGTS, ya que, en su opinión, el trabajador se beneficiaría más teniendo el dinero disponible que como contribución obligatoria. "El problema es que resulta mucho más caro contratar a un trabajador con todas esas contribuciones. Así, tomas a un trabajador que gana un salario mínimo y a veces cuesta el doble para la empresa", afirmó. El abogado Antonio Megale alerta que la reducción de la remuneración mensual bajo el régimen flexible tiende a disminuir la base de contribución previsional, afectando la recaudación y la protección individual del asegurado. No obstante, Camargo rebate esa preocupación, sosteniendo que el aumento de personas en el mercado formal podría ampliar la cantidad de contribuyentes al INSS. "Mi intuición es que con este nuevo tipo de contrato vas a tener más trabajadores trabajando, porque vas a tener más flexibilidad", argumenta.
